Tiempo de lectura: 7 minutos

Volver a confiar, dejar de revisar qué hiciste mal y aceptar que alguien puede haberte querido y también haberte lastimado. El duelo de las amistades merece una conversación propia.

Hay una forma de echar de menos que cuesta confesar: extrañar a alguien de quien necesitabas alejarte.

Te ocurre algo y piensas en contárselo. Encuentras una foto y te ríes antes de recordar que ya no hablan. Escuchas una canción y, durante unos segundos, vuelven a estar en aquel coche, camino de cualquier sitio, convencidas de que algunas cosas durarían toda la vida.

Después recuerdas lo demás.

La confidencia que dejó de ser confidencial. Aquella broma delante de otras personas. Las veces que saliste de un encuentro preguntándote por qué te sentías tan pequeña.

Y te enfadas contigo por extrañarla.

Como si poner distancia debiera haber borrado también el cariño. Como si tuvieras que presentar una memoria perfectamente coherente para justificar que aquello te dolió.

Pero puedes echar de menos a una amiga y seguir necesitando que esté lejos.

Aceptar esa contradicción ya cuesta bastante.

Una ruptura sin permiso para hacer duelo

Las rupturas de pareja tienen canciones, películas y cierto reconocimiento social. Puedes decir «lo hemos dejado» y la gente entiende que quizá necesites compañía, silencio o cancelar algún plan.

Con las amistades, el dolor suele recibir menos espacio.

«Ya conocerás a más gente».

«Tampoco era tu pareja».

«A estas alturas, pasa de dramas».

Y tú intentas explicar que esa persona sabía cómo había sido tu infancia. Que estuvo cuando murió alguien importante. Que conocía esa versión tuya que todavía no sabía defenderse.

También habían imaginado un futuro: viajes, cumpleaños, hacerse mayores y seguir contando las mismas anécdotas.

Ahora tienes que acostumbrarte a que ciertos planes hayan perdido a una de sus protagonistas.

Una amistad puede ocupar un lugar enorme en una vida adulta. Su pérdida deja huecos en la agenda, en las conversaciones y en la sensación de tener a quién llamar.

Claro que merece una conversación propia.

El precio de volver a revisar la conversación

Una parte del desgaste llega después, cuando empiezas a buscar el momento exacto en que podrías haber evitado lo ocurrido.

Relees mensajes. Recuerdas tu tono. Te preguntas si elegiste mal el día para hablar.

Quizá ella estaba pasando una mala época.

Quizá tú estabas demasiado sensible.

Quizá aquella frase no significaba lo que entendiste.

Puedes dedicar horas a fabricar una explicación que permita conservar intacta la imagen que tenías de la relación. Porque aceptar que alguien importante te hizo daño también obliga a revisar dónde te sentías segura.

Y eso asusta.

Revisar nuestra conducta puede ayudarnos a comprender un conflicto. Pero hacerlo sin descanso termina convirtiéndonos en sospechosas de nuestro propio dolor.

No necesitas haber actuado de manera impecable para reconocer que algo te lastimó.

Puedes haberte equivocado al responder y seguir teniendo motivos para estar dolida. Puedes lamentar una frase sin asumir toda la responsabilidad de una ruptura.

Los recuerdos buenos también son verdad

A veces buscas una conclusión rotunda: nunca me quiso, todo fue mentira, siempre fue una mala amiga.

Durante un rato, esa explicación parece ayudarte. Después recuerdas aquella madrugada en la que vino a buscarte. O cómo te acompañó a una cita difícil. O la alegría que compartieron cuando conseguiste algo importante.

Y regresa la duda.

Pero una relación puede contener cuidado y daño. Alguien puede haberte querido y haber utilizado una vulnerabilidad tuya para herirte durante una discusión. Puede haber sido generosa y haber reaccionado con desprecio cuando empezaste a poner límites.

Lo bueno no desaparece porque reconozcas lo doloroso.

Lo doloroso tampoco queda compensado por una colección de recuerdos felices.

Puedes agradecer lo que existió y decidir que no quieres seguir participando en lo que ocurre ahora.

No hace falta convertir toda la historia en una mentira para aceptar que llegó un momento en que dejó de hacerte bien.

No todas las rupturas necesitan una villana

También conviene decirlo: una amistad que termina no demuestra, por sí sola, que alguien sea manipulador, narcisista o incapaz de querer.

A veces hubo expectativas que nunca se hablaron. Una necesitaba más presencia; la otra apenas podía sostener su propia vida. A veces ambas acumularon resentimiento mientras respondían «todo bien».

Otras veces sí hubo humillaciones, control, chantaje o una vulneración repetida de la intimidad.

Distinguirlo importa.

Porque comprender un desencuentro requiere algo diferente de protegerte de una conducta que se repite.

Las etiquetas pueden ofrecer una explicación rápida, pero las preguntas concretas suelen acercarnos más a lo ocurrido: ¿qué pasó?, ¿pude hablarlo?, ¿hubo escucha?, ¿cambió algo después?

Quizá ambas tengan cosas que reconocer.

Quizá una haya intentado reparar durante mucho tiempo y la otra solo quisiera recuperar la comodidad de antes.

Mirar los hechos permite decidir sin tener que diagnosticar a nadie.

El grupo también forma parte de la pérdida

A veces no pierdes solamente a una amiga. También cambia tu lugar en un grupo.

Dejas de recibir ciertas invitaciones. Te enteras de una cena por una foto. Alguien te pide que lo arregles porque resulta incómodo organizar cumpleaños separados.

Y de pronto parece que tu responsabilidad es conseguir que nadie más se sienta mal.

Puede haber personas que escuchen sin tomar partido. Otras preferirán no involucrarse. Algunas repetirán una versión de lo sucedido sin haberte preguntado.

Eso añade otra herida: descubrir qué vínculos podían sostener una conversación incómoda y cuáles dependían de que tú siguieras sonriendo.

También aquí puedes elegir cuánto explicar. Tu intimidad no tiene por qué convertirse en un expediente disponible para todo el grupo.

Habrá amistades que continúen y otras que cambien.

Perder pertenencia duele, incluso cuando sabes que necesitabas salir.

Recuperarse cuesta tiempo y, a veces, dinero

El dolor ocupa atención. Te acompaña mientras trabajas, aparece cuando intentas dormir y puede quitarte energía para conocer a otras personas.

Si necesitas apoyo profesional, hay un coste económico. Si aquella amistad concentraba gran parte de tu vida social, reconstruir compañía también exige recursos.

Hace falta tiempo libre. Poder desplazarte. Encontrar actividades accesibles. Tener con quién dejar a tus hijos. Coincidir varias veces hasta que una conversación deje de sentirse como una presentación.

«Sal y conoce gente» parece una solución sencilla cuando se dispone de todo eso.

Pero hay mujeres que intentan reconstruir su red mientras encadenan trabajos, cuidan familiares o viven lejos de quienes las conocen desde pequeñas.

La soledad posterior no se resuelve siempre con iniciativa.

A veces necesitas oportunidades reales para encontrarte con otras personas. Y mientras llegan, mereces compañía sin que te conviertan en culpable de estar sola.

Volver a confiar puede dar una pereza enorme

Después de una amistad dolorosa, empezar otra puede sentirse como volver a entregar un mapa de tus puntos vulnerables.

Te preguntas cuánto contar. Si estás escribiendo demasiado. Si esa cancelación significa algo. Si una respuesta breve anuncia otro distanciamiento.

Quizá antes compartías con facilidad y ahora ensayas una confidencia durante semanas.

Puedes darte tiempo.

La intimidad no necesita construirse de golpe. Puedes observar cómo una persona trata lo que le cuentas, cómo responde cuando discrepas y qué ocurre cuando no puedes estar disponible.

También puedes cometer errores al interpretar. Una amiga nueva tendrá días torpes, preocupaciones y límites propios.

La confianza crece con experiencias repetidas: una conversación que se puede retomar, una disculpa que viene acompañada de cambios, una diferencia que no acaba en castigo.

No tendrás garantías absolutas.

Sí puedes ir reuniendo motivos para sentirte segura y escucharte cuando algo necesita atención.

Extrañarla no decide por ti

Habrá días en que quieras escribirle. Quizá porque estás triste. Quizá porque te ha ocurrido algo maravilloso y ella habría entendido inmediatamente su importancia.

Antes de hacerlo, puedes preguntarte qué estás buscando: ¿compartir una noticia?, ¿recibir una explicación?, ¿comprobar si todavía le importas?, ¿recuperar la relación?

Son necesidades distintas.

Extrañar a alguien aporta información sobre el vínculo que tuvieron. Por sí solo, no indica qué conviene hacer ahora.

Puede haber una reparación si ambas quieren escuchar, reconocer lo ocurrido y modificar aquello que dañó la amistad.

También puedes recibir una disculpa y descubrir que ya no deseas volver. O querer retomar el contacto de una forma más limitada.

Ninguna de esas decisiones borra el cariño.

Puedes tomarte tiempo para saber qué quieres, sin convertir la nostalgia de una tarde en una obligación de regresar.

Hacer espacio para lo que quedó pendiente

Quizá nunca recibas la explicación que esperas. Puede que ella recuerde otra historia. Puede que no lleguen a una versión compartida.

Eso deja asuntos abiertos, pero tu vida no tiene que quedarse esperando una conversación indefinidamente.

Puede ayudarte escribir qué extrañas, qué te dolió y qué necesitarías para considerar un acercamiento. Separar esas preguntas permite ver una relación con más claridad.

También puedes reconocer qué deseas conservar: una forma de reírte, un lugar que conociste gracias a ella, una parte de ti que apareció durante aquellos años.

Los recuerdos no tienen que desaparecer para que puedas avanzar.

Habrá días difíciles y otros en los que apenas pienses en lo sucedido. Después llegará una fecha, una foto o una noticia.

Y volverá a doler.

Puedes atender esa tristeza sin tomarla como una orden de recuperar la amistad.

¿Cuánto cuesta, entonces?

A veces cuesta aceptar que no habrá una despedida a la altura de lo vivido.

Cuesta dejar de ensayar argumentos para una conversación que quizá nunca ocurra. Contar tu historia a alguien nuevo. Recuperar la tranquilidad de decir «esto me dolió» sin preparar diez justificaciones.

Un día tendrás una noticia y pensarás en escribirle.

Sentirás pena.

Después encontrarás a quién contársela, o la guardarás para ti. Seguirás con tu día sin pasar la tarde interrogándote.

Lo que vivieron seguirá teniendo un lugar.

Y tú tendrás otros.

  • ¿Cuánto cuesta recuperarse de una amistad que te hizo daño?
    Tiempo de lectura: 7 minutos ¿Cuánto cuesta recuperarse de una amistad que te hizo daño? Volver a confiar, dejar de revisar qué hiciste mal y aceptar que alguien puede haberte querido y también haberte lastimado. El duelo de las amistades merece una conversación propia. Hay una forma de echar de menos que cuesta confesar: extrañar a alguien de quien necesitabas …
  • PETRONILA, DEJA DE PELEAR CON TUS EMOCIONES.
    Tiempo de lectura: 10 minutos PETRONILA, DEJA DE PELEAR CON TUS EMOCIONES. TAMBIÉN PUEDES IRTE DE VACACIONES CON ELLAS. Una conversación sobre la extraña y maravillosa tarea de aprender a sentir sin convertir cada emoción incómoda en un enemigo. Amiga, tenemos que hablar. Y esta vez no vengo a decirte que tienes que sanar, elevar tu vibración, cambiar tu mentalidad, …
  • ¿QUIÉN COÑO TE ENSEÑÓ QUE DISRUTAR DE TU SEXUALIDAD TE HACE MENOS DIGNA?
    Tiempo de lectura: 7 minutos ¿QUIÉN COÑO TE ENSEÑÓ QUE DISFRUTAR DE TU SEXUALIDAD TE HACE MENOS DIGNA? Amiga, vamos a hablar de algo que se mete en la cama contigo, ocupa muchísimo espacio y, para colmo, no cambia las sábanas: la necesidad de parecer una mujer correcta incluso cuando estás intentando disfrutar. Porque hay encuentros sexuales con más supervisión …
  • NADIE TE ENSEÑÓ A SER UNA PERSONA ADULTA pero, amiga lidiar con tus emociones y tus sentimientos… es otro nivel
    Tiempo de lectura: 8 minutos NADIE TE ENSEÑÓ A SER UNA PERSONA ADULTA Pero, amiga, lidiar con tus emociones y tus sentimientos… eso es otro nivel Bienvenida. Toma asiento. No hay manual, no hay profesora y el examen es todos los días. Bienvenida a esa etapa de la vida en la que puedes pagar tus propias facturas, tomar decisiones importantes …
  • ¿CÓMO CAMBIO DE VIDA SI CAMBIAR DE VIDA CUESTA DINERO?
    Tiempo de lectura: 7 minutos ¿CÓMO CAMBIO DE VIDA SI CAMBIAR DE VIDA CUESTA DINERO? Llegaste a los 30, a los 35, a los 40 o a los 50 y ahí estás: mirándote como si fueras una adulta extraña que se ha colado en tu propia vida. Tienes una edad en la que se suponía que ya ibas a saber …
  • Todavía no ha sucedido todo
    Tiempo de lectura: 8 minutos Todavía no ha sucedido todo En la vida suceden cosas que nos atraviesan tanto que se nos hace imposible creer que algún día la vida pueda ponerse un poquito a nuestro favor. Una muerte.                          Una ruptura. Una enfermedad. Perder un trabajo. Migrar. Una traición. Una maternidad que no se parece en nada a la que …
  • Ojalá nunca te falte un cuaderno
    Tiempo de lectura: 8 minutos Ojalá nunca te falte un cuaderno Mientras escribo este post estoy rodeada de cuadernos. Tengo uno abierto delante de mí, otro debajo de un libro, varios apilados en una esquina y alguno perdido entre agendas, lápices y pósits. Hay páginas escritas, páginas arrancadas, frases que ya no recuerdo por qué escribí y preguntas que siguen …
  • Es muy cruel de tu parte comparar tu vida con un contexto que no tiene nada que ver con la vida que te ha tocado vivir
    Tiempo de lectura: 6 minutos Es muy cruel de tu parte comparar tu vida con un contexto que no tiene nada que ver con la vida que te ha tocado vivir Hay una forma de crueldad que hemos aprendido a llamar exigencia. Consiste en mirar nuestra vida, compararla con la de alguien que tuvo otro punto de partida, otros apoyos, …
  • El dolor de no saber qué hacer con tu vida cuando no sabes qué hacer con tu vida
    Tiempo de lectura: 7 minutos El dolor de no saber qué hacer con tu vida cuando no sabes qué hacer con tu vida Hay un tipo de dolor del que hablamos poco. No es exactamente tristeza. Tampoco es necesariamente ansiedad. No siempre tiene que ver con que te haya pasado algo malo. A veces, de hecho, desde fuera parece que …
  • La vida adulta y el incómodo descubrimiento de no encajar
    Tiempo de lectura: 8 minutos La vida adulta y el incómodo descubrimiento de no encajar Crecer también significa descubrir que algunas amistades terminan, algunos lugares no nos quieren y no todas las personas van a elegirnos. El verdadero trabajo quizá no sea evitar el rechazo, sino aprender a no convertirlo en una medida de nuestro valor. Hay heridas de la …
  • Tu salud mental también depende de cuánto dinero tienes
    Tiempo de lectura: 8 minutos Tu salud mental también depende de cuánto dinero tienes La pobreza emocional que produce no poder descansar, separarte, ir a terapia, cuidar tus dientes o rechazar un trabajo que te está destruyendo. Nos han repetido que la salud mental depende de aprender a gestionar nuestras emociones, pensar en positivo, poner límites, meditar, hacer ejercicio y …

Loading

Written by

Alexa Dacier

Alexa Dacier / Psicología / Terapeuta sexual y de pareja
Todos necesitamos donde apoyarnos cuando emocionalmente creemos que no podemos más.

Aquí nos damos el permiso para:
Sentir.
Soltar.
Amar.
Aprender a poner límites.
Reconstruir nuestros vínculos afectivos.
Sostener relaciones sanas.
Aplicar la autocompasión.
Cambiar el dialogo interior.