Tiempo de lectura: 6 minutos

Imagínate que estamos sentadas frente a frente, con una taza de té matcha caliente entre las manos. No hay prisa. No hay frases motivacionales colgadas en la pared. No hay música de fondo intentando arreglar nada. No hay nadie diciendo “todo pasa por algo”. Solo una conversación tranquila, honesta, real. De esas que se dan cuando por fin puedes bajar los hombros y respirar un poco mejor.

Y yo te digo, así, con cuidado pero sin rodeos: la terapia no es ir a Disney de vacaciones.

No es un viaje bonito para desconectar del malestar.
No es una experiencia donde todo está pensado para que sonrías.
No es entrar cansada y salir feliz.
No es un lugar al que vas a que te devuelvan una versión optimizada de ti.

Y quizá por eso cuesta tanto decidirse.

Si este año dijiste —aunque fuera en voz baja, aunque solo lo pensaras— “tengo que ir a terapia”, pero luego apareció el miedo, o lo intentaste y lo pusiste en pausa, o sigues dándole vueltas cada vez que algo se te desborda… este texto es para ti.

Porque ir a terapia no da miedo por lo que te vaya a decir la terapeuta.
Da miedo por lo que puedes empezar a escucharte decir a ti.

Da miedo sentir.
Da miedo darte cuenta de que no estabas exagerando.
Da miedo confirmar que ese cansancio no era pereza.
Da miedo aceptar que lo que duele… duele porque pasó.
Da miedo descubrir que llevas mucho tiempo sobreviviendo.

Y eso no se parece en nada a unas vacaciones.

Muchas mujeres llegan a consulta después de años diciendo “yo puedo”. Pueden con el trabajo, con la familia, con la pareja, con las responsabilidades, con la vida. Pueden con todo… menos consigo mismas.

Y cuando aparece la idea de ir a terapia, algo se activa por dentro. Una mezcla de alivio y miedo. Alivio porque quizá, por fin, alguien pueda acompañar. Miedo porque ir a terapia implica dejar de correr. Implica parar. Implica escuchar.

El miedo a la terapia casi nunca es miedo a la terapeuta.
Es miedo a abrir una puerta que llevas años manteniendo cerrada con el cuerpo entero.

Porque ¿y si empiezas y te das cuenta de que estás peor de lo que pensabas?
¿Y si empiezan a aparecer recuerdos, emociones, sensaciones que no sabes cómo manejar?
¿Y si te rompes?

Nadie te explicó que en terapia no se trata de romperte, sino de dejar de sostenerte de una forma que te está haciendo daño.

Vivimos un momento curioso. Ir a terapia se ha puesto de moda. Y que se hable de salud mental es profundamente necesario. Pero también se ha generado un relato peligroso: el de la terapia como algo bonito, inspirador, casi estético.

Parece que ir a terapia debería verse así:
entras cansada, hablas un poco, lloras lo justo, te entienden, te dan una frase potente… y sales más ligera, más clara, más empoderada.

Pero no.

La terapia no es un spa emocional.
No es un masaje para el alma.
No es un lugar donde te quitan el dolor sin tocarlo.

La terapia es un espacio donde te permites sentir lo que llevas tiempo evitando. Y sentir, cuando has pasado años funcionando en piloto automático, duele.

No siempre sales mejor de una sesión.
A veces sales más consciente.
A veces más removida.
A veces más cansada.

Y eso también es proceso, aunque no quede bonito en redes.

Hay algo que no se dice lo suficiente: sentir duele cuando llevas mucho tiempo sobreviviendo.

Cuando has aprendido a callarte para no molestar.
Cuando has aprendido a exigirte para valer.
Cuando te has adaptado para no perder vínculos.
Cuando has sostenido a otros sin que nadie te sostenga a ti.

En ese contexto, sentir no es agradable. Es incómodo. A veces abrumador. A veces profundamente injusto.

Mirar las heridas no es romántico.
Hablar de traumas no es inspirador.
Darte cuenta de que tu historia te marcó no siempre se vive como alivio inmediato.

A veces se vive como tristeza.
A veces como rabia.
A veces como un cansancio que no se cura durmiendo.

Y aquí quiero ser clara y profesional: el trauma no es solo “lo muy grave”. El trauma también es crecer sin sentirte vista. Tener que cuidarte sola demasiado pronto. Vivir en alerta constante. Normalizar el miedo. Sentir que descansar no es seguro.

El cuerpo guarda memoria.
El sistema nervioso aprende estrategias para protegerte.
Y muchas de esas estrategias que un día te salvaron… hoy te están agotando.

No estás rota.
Estás cansada de sobrevivir.

“Yo quiero estar bien, no remover cosas”

Esta es una frase que escucho a menudo. Y la entiendo. Porque nadie quiere pasarlo mal a propósito. Nadie quiere abrir heridas sin sentido.

Pero aquí va algo importante: no se puede estar bien todo el tiempo sin mirar lo que duele.

Lo que se evita no desaparece.
Lo que se tapa, pesa.
Lo que no se escucha, el cuerpo lo grita.

A veces en forma de ansiedad.
A veces en forma de culpa.
A veces en relaciones que duelen.
A veces en un agotamiento constante que no sabes explicar.

La terapia no es remover por remover. No es abrir una herida y dejarte sola con ella. La terapia es aprender a sostener lo que aparece con recursos, con ritmo, con acompañamiento.

La terapia no busca que recuerdes por recordar. No busca que revivas el pasado una y otra vez. Busca integrar, regular, comprender.

Busca que puedas estar en el presente sin que el pasado dirija todas tus reacciones. Que puedas sentir sin desbordarte. Que puedas poner límites sin culpa. Que puedas descansar sin sentir que estás fallando.

Muchas mujeres llegan diciendo:
“No sé qué me pasa, pero no estoy bien.”
“Estoy cansada y no sé de qué.”
“No debería sentirme así.”

Y ahí ya hay mucho que trabajar. Porque ese “no debería” suele ser más doloroso que la emoción en sí.

Te hablo ahora desde mi lugar profesional, sin quitarle calidez a las palabras.

En consulta no prometo felicidad.
No prometo soluciones rápidas.
No prometo salir sonriendo.

Lo que ofrezco es un espacio seguro, humano y sostenido, donde no tienes que demostrar nada.

El proceso suele empezar creando seguridad. Porque sin seguridad no hay terapia. Antes de abrir heridas, el cuerpo necesita sentirse a salvo. No se puede profundizar si el sistema nervioso está en alerta constante.

Después trabajamos la regulación emocional. Aprender a bajar el ruido interno. Entender qué te pasa sin juzgarte. Distinguir entre lo que sientes y lo que te exiges sentir.

Ponemos palabras donde antes había ruido. Porque cuando algo se nombra, deja de atacarte por dentro.

Trabajamos el diálogo interior. Muchas mujeres no vienen rotas: vienen hablándose con una dureza que nadie merecería. Eso también se trabaja. Porque no todo el daño viene de fuera; mucho viene de cómo te tratas hoy.

Comprendemos la historia sin quedarnos atrapadas en ella. No para revivir el pasado, sino para que deje de dirigir el presente.

Y todo esto se hace sin prisa. Sin exigirte cambios rápidos. Sin forzarte a “estar bien”. Con respeto por tu ritmo.

La terapia no te arregla.
Te acompaña mientras te habitas.

La terapia no es Disney… pero tampoco es un castigo

No vas a salir sonriendo todas las sesiones.
Y eso no significa que algo vaya mal.

A veces sales removida.
A veces cansada.
A veces más consciente.
A veces aliviada.

Todo eso también es proceso.

La terapia no te quita el dolor de la vida.
Te enseña a no atravesarlo sola.

Si empezaste y lo pusiste en pausa

Pausar no es fracasar. A veces es una forma de cuidado. Hay momentos en los que el cuerpo dice “ahora no”, y escucharlo también es salud mental.

La terapia no es una línea recta. Se entra, se sale, se vuelve. Sin castigos. Sin reproches. Sin exigirte coherencia perfecta.

Te lo digo así, con la taza aún caliente entre las manos: si algo dentro de ti sigue diciendo “necesito ayuda”, aunque tengas miedo, aunque no sepas por dónde empezar, aunque no sea el momento perfecto, eso no habla de debilidad.

Habla de conciencia.

Quizá no necesitas vacaciones emocionales.
Quizá no necesitas que te animen.
Quizá no necesitas una sonrisa forzada.

Quizá necesitas un lugar donde puedas decir “así estoy” sin tener que arreglarte.

La terapia no es ir a Disney.
Pero puede ser ese espacio donde, por primera vez en mucho tiempo,
no tienes que hacerte fuerte.

Con cariño: Alexa Dacier

  • PETRONILA, DEJA DE PELEAR CON TUS EMOCIONES.
    Tiempo de lectura: 10 minutos PETRONILA, DEJA DE PELEAR CON TUS EMOCIONES. TAMBIÉN PUEDES IRTE DE VACACIONES CON ELLAS. Una conversación sobre la extraña y maravillosa tarea de aprender a sentir sin convertir cada emoción incómoda en un enemigo. Amiga, tenemos que hablar. Y esta vez no vengo a decirte que tienes que sanar, elevar tu vibración, cambiar tu mentalidad, …
  • ¿QUIÉN COÑO TE ENSEÑÓ QUE DISRUTAR DE TU SEXUALIDAD TE HACE MENOS DIGNA?
    Tiempo de lectura: 7 minutos ¿QUIÉN COÑO TE ENSEÑÓ QUE DISFRUTAR DE TU SEXUALIDAD TE HACE MENOS DIGNA? Amiga, vamos a hablar de algo que se mete en la cama contigo, ocupa muchísimo espacio y, para colmo, no cambia las sábanas: la necesidad de parecer una mujer correcta incluso cuando estás intentando disfrutar. Porque hay encuentros sexuales con más supervisión …
  • NADIE TE ENSEÑÓ A SER UNA PERSONA ADULTA pero, amiga lidiar con tus emociones y tus sentimientos… es otro nivel
    Tiempo de lectura: 8 minutos NADIE TE ENSEÑÓ A SER UNA PERSONA ADULTA Pero, amiga, lidiar con tus emociones y tus sentimientos… eso es otro nivel Bienvenida. Toma asiento. No hay manual, no hay profesora y el examen es todos los días. Bienvenida a esa etapa de la vida en la que puedes pagar tus propias facturas, tomar decisiones importantes …
  • ¿CÓMO CAMBIO DE VIDA SI CAMBIAR DE VIDA CUESTA DINERO?
    Tiempo de lectura: 7 minutos ¿CÓMO CAMBIO DE VIDA SI CAMBIAR DE VIDA CUESTA DINERO? Llegaste a los 30, a los 35, a los 40 o a los 50 y ahí estás: mirándote como si fueras una adulta extraña que se ha colado en tu propia vida. Tienes una edad en la que se suponía que ya ibas a saber …
  • Todavía no ha sucedido todo
    Tiempo de lectura: 8 minutos Todavía no ha sucedido todo En la vida suceden cosas que nos atraviesan tanto que se nos hace imposible creer que algún día la vida pueda ponerse un poquito a nuestro favor. Una muerte.                          Una ruptura. Una enfermedad. Perder un trabajo. Migrar. Una traición. Una maternidad que no se parece en nada a la que …
  • Ojalá nunca te falte un cuaderno
    Tiempo de lectura: 8 minutos Ojalá nunca te falte un cuaderno Mientras escribo este post estoy rodeada de cuadernos. Tengo uno abierto delante de mí, otro debajo de un libro, varios apilados en una esquina y alguno perdido entre agendas, lápices y pósits. Hay páginas escritas, páginas arrancadas, frases que ya no recuerdo por qué escribí y preguntas que siguen …
  • Es muy cruel de tu parte comparar tu vida con un contexto que no tiene nada que ver con la vida que te ha tocado vivir
    Tiempo de lectura: 6 minutos Es muy cruel de tu parte comparar tu vida con un contexto que no tiene nada que ver con la vida que te ha tocado vivir Hay una forma de crueldad que hemos aprendido a llamar exigencia. Consiste en mirar nuestra vida, compararla con la de alguien que tuvo otro punto de partida, otros apoyos, …
  • El dolor de no saber qué hacer con tu vida cuando no sabes qué hacer con tu vida
    Tiempo de lectura: 7 minutos El dolor de no saber qué hacer con tu vida cuando no sabes qué hacer con tu vida Hay un tipo de dolor del que hablamos poco. No es exactamente tristeza. Tampoco es necesariamente ansiedad. No siempre tiene que ver con que te haya pasado algo malo. A veces, de hecho, desde fuera parece que …
  • La vida adulta y el incómodo descubrimiento de no encajar
    Tiempo de lectura: 8 minutos La vida adulta y el incómodo descubrimiento de no encajar Crecer también significa descubrir que algunas amistades terminan, algunos lugares no nos quieren y no todas las personas van a elegirnos. El verdadero trabajo quizá no sea evitar el rechazo, sino aprender a no convertirlo en una medida de nuestro valor. Hay heridas de la …
  • Tu salud mental también depende de cuánto dinero tienes
    Tiempo de lectura: 8 minutos Tu salud mental también depende de cuánto dinero tienes La pobreza emocional que produce no poder descansar, separarte, ir a terapia, cuidar tus dientes o rechazar un trabajo que te está destruyendo. Nos han repetido que la salud mental depende de aprender a gestionar nuestras emociones, pensar en positivo, poner límites, meditar, hacer ejercicio y …
  • Es imposible llegar tarde a tu propia vida
    Tiempo de lectura: 8 minutos Es imposible llegar tarde a tu propia vida Yo también he sentido que iba tarde. Muchas veces.                  Y no hablo únicamente de esa sensación abstracta de mirar tu vida y preguntarte si deberías estar en otro lugar. Hablo de algo mucho más concreto: abrir Instagram, mirar lo que estaban haciendo otras personas y sentir, durante …

Loading

Written by

Alexa Dacier

Alexa Dacier / Psicología / Terapeuta sexual y de pareja
Todos necesitamos donde apoyarnos cuando emocionalmente creemos que no podemos más.

Aquí nos damos el permiso para:
Sentir.
Soltar.
Amar.
Aprender a poner límites.
Reconstruir nuestros vínculos afectivos.
Sostener relaciones sanas.
Aplicar la autocompasión.
Cambiar el dialogo interior.