Tiempo de lectura: 4 minutos

La carta que puede cambiar la forma en la que te hablas

Háblate así…

Como si fueras un cuerpo pequeño que acaba de llegar al mundo.
Con la piel abierta.
Con el pulso temblando.
Sin palabras para explicar lo que duele.

Como si no tuvieras que demostrar nada.
Como si nadie te estuviera evaluando.
Como si tu única tarea fuera respirar…
y dejar que el aire entre y salga sin pedirte permiso.


Hay una forma en la que te hablas
que nadie ve.

No está en tus fotos.
No está en tus logros.
No está en lo que cuentas.

Está en ese segundo en el que fallas.
En ese momento en el que algo se rompe por dentro.
En esa noche en la que todo se queda en silencio
y solo te escuchas a ti.

Y ahí…
no siempre eres amable.

Ahí te corriges.
Te aprietas.
Te exiges.
Te hablas como si fueras un error que hay que arreglar.

Y lo haces tan rápido…
que ni siquiera te das cuenta.


Pero tu cuerpo sí.

Tu cuerpo registra cada palabra.
Cada exigencia.
Cada “debería”.
Cada “otra vez tú”.

Tu cuerpo no entiende de productividad.
No entiende de perfección.
No entiende de lo que “toca”.

Tu cuerpo solo entiende una cosa:

si estás a salvo… o no.


Y hay días en los que no lo está.
No porque el mundo sea peligroso,
sino porque la forma en la que te hablas
no es un lugar donde descansar.


Nadie te enseñó a hablarte con ternura.

Te enseñaron a ser fuerte.
A no molestar.
A no necesitar demasiado.
A resolver.
A seguir.

Te enseñaron a endurecerte para sobrevivir.

Y lo hiciste.

Lo hiciste tan bien
que ahora no sabes cómo dejar de hacerlo.


Pero sobrevivir no es lo mismo que vivir.

Y hay una parte de ti —muy silenciosa, muy honesta—
que está cansada de sostenerlo todo desde la exigencia.

Una parte de ti que no quiere hacerlo perfecto.
Que quiere hacerlo humano.


Háblate despacio…

Como quien entra en una habitación oscura
y no quiere asustar a quien está dentro.

Como quien se acerca con cuidado
porque sabe que hay algo herido.

Como quien no viene a arreglar…
sino a quedarse.


“Estoy aquí.”

No como promesa vacía.
No como frase bonita.

Como presencia.

Como decisión.

Como un lugar al que vuelves
aunque no sepas muy bien cómo hacerlo.


No hace falta que entiendas todo lo que sientes.

Hay emociones que no se explican.
Hay dolores que no tienen lógica.
Hay días que no tienen forma.

Y aún así…
puedes tratarte bien.


Mírate como se mira a un bebé que tiembla.

Sin juicio.
Sin prisa.
Sin pedirle que deje de llorar para merecer amor.

Solo sosteniéndolo.

Solo estando.


Porque tú tampoco necesitas estar bien
para ser digna de cuidado.


No estás rota.

Estás sintiendo.

Y sentir es abrirse.
Es desordenarse.
Es a veces perder el suelo.

Pero incluso ahí…
hay una forma de no hacerte daño.


No te levantes la voz.

No te hables como te hablaron cuando dolía.

No repitas palabras que te hicieron pequeña
como si fueran verdad.

No te abandones
justo cuando más te necesitas.


Hay una violencia silenciosa
en la forma en la que a veces te tratas.

Una violencia que no deja marcas visibles,
pero que se queda en el cuerpo.

En la tensión.
En el cansancio.
En la sensación de no ser suficiente
ni siquiera para ti.


Y también hay otra forma.

Más lenta.
Más suave.
Más real.

Una forma en la que no te empujas…
te acompañas.

En la que no te corriges…
te escuchas.

En la que no te exiges…
te sostienes.


No es inmediata.
No es perfecta.
No es constante.

Pero es posible.


Habrá días en los que volverás a hablarte mal.

En los que te exigirás.
En los que te perderás en la prisa, en el miedo, en el juicio.

Y no pasa nada.

Porque también puedes aprender a tratarte bien ahí.

En el error.
En la recaída.
En el “otra vez”.


Volver a ti no es hacerlo perfecto.

Es darte cuenta.
Es parar un segundo.
Es cambiar una frase.

Es decir:

“Así no.”

Y probar otra forma.


Si hoy solo puedes decirte:

“no sé cómo hacerlo, pero quiero aprender a tratarme mejor”…

escúchalo.

No lo tapes.
No lo minimices.
No lo conviertas en otra exigencia.

Porque eso…
eso ya es amor.


Un amor que no hace ruido.
Que no presume.
Que no exige resultados.

Un amor que empieza pequeño.
Casi invisible.

Pero que, si lo cuidas,
puede cambiar la forma en la que vives dentro de ti.


No tienes que hacerlo sola.

No tienes que entenderlo todo hoy.

No tienes que llegar a ningún sitio rápido.

Solo tienes que empezar
a no abandonarte.


Esta no es una carta para que la leas y sigas igual.

Es una carta para que la sientas.

Para que la guardes.
Para que vuelvas a ella
cuando el mundo por dentro se haga demasiado grande.


Y cuando eso pase…

acuérdate de algo simple, pero profundo:

la forma en la que te hablas
puede ser el lugar donde más te hieres…
o el lugar donde empiezas a sanar.


Hoy, aunque sea un poco…

háblate distinto.

Más despacio.
Más suave.
Más humano.

Como quien cuida algo
que no quiere perder.

Como quien empieza a entender
que ya no necesita romperse para cambiar.


Y si en medio de todo aparece esa frase pequeña…

“quiero aprender a tratarme mejor”…

no la ignores.

Ahí hay verdad.
Ahí hay camino.
Ahí estás tú…

empezando a volver. 💛


Con amor,
Alexa

  • La carta que puede cambiar la forma en la que te hablas
    Tiempo de lectura: 4 minutos La carta que puede cambiar la forma en la que te hablas Háblate así… Como si fueras un cuerpo pequeño que acaba de llegar al mundo.Con la piel abierta.Con el pulso temblando.Sin palabras para explicar lo que duele. Como si no tuvieras que demostrar nada.Como si nadie te estuviera evaluando.Como si tu única tarea fuera …
  • Amar a tu madre no siempre es sentirse en casa
    Tiempo de lectura: 5 minutos Amar a tu madre no siempre es sentirse en casa La relación más incuestionable también puede ser la más compleja Hay vínculos que no se eligen, pero que marcan profundamente la forma en que aprendemos a vivir, a vincularnos y a mirarnos a nosotros mismos. La relación con una madre es uno de ellos. Se …
  • ¿Nunca te has preguntado por qué carajo vives dudando de ti?
    Tiempo de lectura: 7 minutos   ¿Nunca te has preguntado por qué carajo vives dudando de ti? Hay una forma de duda que no hace ruido. No interrumpe con violencia ni se impone de forma evidente. No es escandalosa. Es más sutil, más constante, más íntima. Se cuela en los momentos importantes, pero también en los pequeños, en esos espacios …
  • ¿Cuándo harás match contigo misma?
    Tiempo de lectura: 5 minutos ¿Cuándo harás match contigo misma? Hay algo casi mágico en la facilidad con la que dejamos entrar a desconocidos en nuestra vida. Deslizas el dedo, sonríes a una foto, intercambias un par de mensajes… y, de pronto, ahí estás: abriendo pequeñas ventanas de ti que llevaban tiempo cerradas. Capas que no muestras ni en cenas …
  • Diario de algo que no nos enseñaron: Ojalá nos hubieran enseñado a tener una relación con nosotras mismas como nos enseñaron a perseguir el amor romántico
    Tiempo de lectura: 4 minutos Diario de algo que no nos enseñaron Ojalá nos hubieran enseñado a tener una relación con nosotras mismas como nos enseñaron a perseguir el amor romántico Antes de empezar, quiero decir algo que quizás no suene bonito, pero es profundamente real: Nos enseñaron a amar mal.Y, sobre todo,nos enseñaron a olvidarnos de nosotras. Existe una …
  • ¿Por qué las mujeres nos exigimos tanto?
    Tiempo de lectura: 8 minutos ¿Por qué las mujeres nos exigimos tanto? Hay días en los que una se levanta cansada…pero no cansada solo de trabajo, de hijos, de la casa, del dinero, del mundo o del algoritmo que parece que bendice a todo el mundo menos a ti. No. Hay un cansancio más silencioso, más íntimo, más viejo. El …
  • Quizá crecer no significa que dejes de tener crisis
    Tiempo de lectura: 7 minutos Quizá crecer no significa que dejes de tener crisis.Quizá crecer significa que dejes de avergonzarte por tenerlas.Ven, amiga, vamos a tener esta conversación con un té y el alma sin armadura. Porque ya está bien de fingir que a cierta edad una debería tenerlo todo claro. Ya está bien de esa mentira elegante de la …
  • Abraza tus inseguridades
    Tiempo de lectura: 7 minutos Abraza tus inseguridades Con un toque de humor terapéutico 🤍 Hay inseguridades que no duelen solo por lo que son, sino por cómo aprendimos a mirarlas. Porque no nos enseñaron a abrazarlas. Nos enseñaron a esconderlas, a corregirlas, a disimularlas, a compensarlas, a maquillarlas, a trabajar el triple para que no se notaran. Nos enseñaron …
  • Migrar y Reconstruirse
    Tiempo de lectura: 4 minutos Migrar y Reconstruirse Hay un tipo de cansancio que no se ve. No es físico.No es exactamente laboral.No es algo que puedas explicar en una sola frase. Es el cansancio de sostener una identidad partida. El cansancio de vivir entre dos mundos. Ser mujer inmigrante no es solo haber cambiado de país.Es haber cambiado de …
  • La relación contigo también es un vínculo
    Tiempo de lectura: 5 minutos La relación contigo también es un vínculo (y sí, también necesita cuidados… aunque nadie te lo explicara) Durante años creímos que el trabajo emocional estaba afuera.En los demás.En aprender a relacionarnos mejor.En elegir distinto.En entender por qué la gente hace lo que hace. Leímos libros.Escuchamos podcasts.Fuimos a terapia.Tuvimos conversaciones larguísimas con amigas donde analizamos a …
  • Escribir para sostenerte: la escritura terapéutica desde la ciencia, la compasión y la suavidad
    Tiempo de lectura: 5 minutos Escribir para sostenerte: la escritura terapéutica desde la ciencia, la compasión y la suavidad (o por qué el journaling es autocuidado, incluso sin yoga, sin Bali… y con un té matcha medio frío) Voy a empezar diciendo algo que quizá no queda tan bonito en redes sociales, pero que muchas pensamos mientras scrolleamos en pijama: …

Written by

Alexa Dacier

Alexa Dacier / Psicología / Terapeuta sexual y de pareja
Todos necesitamos donde apoyarnos cuando emocionalmente creemos que no podemos más.

Aquí nos damos el permiso para:
Sentir.
Soltar.
Amar.
Aprender a poner límites.
Reconstruir nuestros vínculos afectivos.
Sostener relaciones sanas.
Aplicar la autocompasión.
Cambiar el dialogo interior.