
¿Cuándo harás match contigo misma?
Hay algo casi mágico en la facilidad con la que dejamos entrar a desconocidos en nuestra vida. Deslizas el dedo, sonríes a una foto, intercambias un par de mensajes… y, de pronto, ahí estás: abriendo pequeñas ventanas de ti que llevaban tiempo cerradas. Capas que no muestras ni en cenas familiares empiezan a asomarse en una conversación con alguien cuyo apellido ni siquiera recuerdas.
Y no lo juzgo. Al contrario. Tiene algo profundamente humano.
Pero hay una pregunta que me ronda, que me incomoda un poco y, a la vez, me despierta:
¿cuándo fue la última vez que hiciste match contigo misma?
No hablo de mirarte al espejo y decir “bueno, no estoy tan mal hoy”. Hablo de ese tipo de conexión real, honesta, con mariposas y también con silencios incómodos. De conocerte como conocerías a alguien que te gusta de verdad. De elegirte.
Porque seamos sinceras: hemos normalizado invertir tiempo, energía y hasta ilusión en conocer a otras personas… pero nos parece raro, incluso egoísta, hacer lo mismo con nosotras mismas.
El match más difícil
Hacer match contigo misma no es tan fácil como deslizar a la derecha.
No hay filtro bonito que oculte los días raros. No hay bio ingeniosa que resuma quién eres sin contradicciones. No puedes ghostearte cuando algo no te gusta.
Estás tú. Entera.
Y eso, amiga, es valiente.
Porque conocerse de verdad implica ver lo que te encanta… y también lo que te cuesta aceptar. Implica reconocer que a veces te saboteas, que otras te abandonas, y que muchas veces te hablas peor que nadie.
Pero también implica descubrir cosas preciosas: tu forma de cuidar, tu sentido del humor cuando te relajas, la manera en que te ilusionas con cosas pequeñas. Esa versión tuya que no siempre muestras pero que está ahí, esperando.
Citas contigo: sí, en serio
Imagina esto.
Te arreglas un poco. No porque tengas que impresionar a nadie, sino porque te apetece sentirte bien. Sales a dar un paseo o te sientas en una cafetería. Pides algo que te gusta.
Y te haces preguntas.
No las de siempre. No “¿qué tengo que hacer mañana?” o “¿por qué dije eso?”. No.
Preguntas de verdad.
¿Cómo estoy?
¿Qué necesito ahora mismo?
¿Qué me haría sentir un poquito mejor hoy?
Puede sonar simple, incluso ridículo. Pero no lo es.
Estamos tan acostumbradas a estar disponibles para todo el mundo que se nos ha olvidado estar disponibles para nosotras mismas.
Una cita contigo no es un plan triste. Es un acto de respeto.
La incomodidad inicial
Te aviso de algo: al principio puede ser incómodo.
Mucho.
Te vas a aburrir. Te vas a distraer. Vas a coger el móvil sin darte cuenta. Vas a pensar “esto es una tontería”.
Y es normal.
Porque no estamos entrenadas para sostenernos sin estímulos constantes. Nos cuesta estar con nosotras sin hacer nada productivo. Nos da miedo el silencio.
Pero si te quedas un poco más… pasa algo.
Empiezas a escucharte.
No con grandes revelaciones de película, sino con pequeñas cosas: “oye, esto no me gusta tanto”, “creo que necesito descansar más”, “quizá debería poner un límite aquí”.
Y ahí empieza todo.
Cuidarte sin culpa (el verdadero reto)
Si algún día alguien crea una app para esto —y ojalá exista— debería tener una sola misión: enseñarnos a cuidarnos sin culpa.
Porque el problema no es que no sepamos qué nos hace bien. El problema es que muchas veces sentimos que no tenemos derecho a priorizarnos.
Descansar nos parece perder el tiempo. Decir “no” nos hace sentir egoístas. Dedicarnos un rato a nosotras mismas viene acompañado de una vocecita que dice: “deberías estar haciendo algo más útil”.
Pero, ¿y si cuidarte fuera lo más útil de todo?
¿Y si dejar de exigirte tanto fuera el primer paso para estar mejor en todo lo demás?
La relación contigo también se trabaja
Nos encanta hablar de relaciones: cómo mejorarlas, cómo comunicarnos, cómo no perder la chispa.
Pero rara vez aplicamos eso a la relación más larga de nuestra vida: la que tenemos con nosotras mismas.
Porque sí, también hay días en los que no te aguantas. Días en los que te criticas, te comparas, te presionas.
Y en lugar de alejarte (porque no puedes), puedes hacer algo distinto: tratarte como tratarías a alguien que quieres.
Con paciencia.
Con curiosidad.
Con un poco más de suavidad.
No se trata de gustarte todo el tiempo. Se trata de no abandonarte.
Humor terapéutico (porque sin esto no sobrevivimos)
Vamos a reírnos un poco de todo esto, que también hace falta.
Imagínate una app de citas contigo misma:
- Nombre: Tú misma, versión en proceso
- Edad: Depende del día emocional
- Intereses: Sobrepensar, reorganizar la vida a las 2am, empezar rutinas los lunes
- Lo que buscas: Paz mental (negociable), snacks, y alguien que no te juzgue (spoiler: eres tú)
Primer match: tú contigo.
Primer mensaje:
— Hola, ¿qué tal?
— Pues mira, podría dormir mejor y dejar de dramatizar tanto, pero aquí estamos.
Primera cita:
Llegas tarde… porque no sabías qué ponerte para impresionarte a ti misma.
Y aun así, te caes bien.
Porque en el fondo, sabes que lo estás intentando.
El sueño (que no es tan loco)
Hay una idea que no se va: crear espacios donde las mujeres puedan reencontrarse consigo mismas sin presión.
Llámalo retiros, encuentros, o simplemente pausas.
Espacios donde no haya que demostrar nada. Donde no tengas que ser productiva, ni perfecta, ni interesante.
Donde puedas ser.
Imagino días tranquilos, conversaciones honestas, momentos de silencio sin incomodidad. Mujeres aprendiendo a tratarse con más suavidad, con más respeto.
No suena revolucionario, pero lo es.
Porque en un mundo que te empuja constantemente a hacer más, parar ya es un acto radical.
¿Por dónde empezar?
No necesitas una app. Ni un retiro. Ni ganar la lotería.
Empieza pequeño.
Hoy mismo.
- Dedícate 10 minutos sin distracciones.
- Pregúntate cómo estás, en serio.
- Haz algo solo porque te apetece, no porque “deberías”.
- Escúchate sin corregirte.
No va a cambiar tu vida en un día.
Pero suma.
Y poco a poco, sin darte cuenta, empiezas a sentir algo distinto.
Más calma.
Más claridad.
Más tú.
El verdadero match
Quizá el objetivo no es llegar a ser tu persona favorita todo el tiempo.
Quizá es algo más sencillo y más honesto: convertirte en un lugar seguro para ti misma.
Un sitio al que puedas volver cuando todo lo demás falla.
Donde no tengas que fingir.
Donde no tengas que encajar.
Donde no tengas que ganarte el derecho a estar.
Porque ya eres suficiente para quedarte.
Para terminar (y empezar)
La próxima vez que abras una app de citas, o que pienses en conocer a alguien, hazte una pequeña promesa:
No te olvides de ti.
Sigue conociendo gente, ilusionándote, conectando. Claro que sí.
Pero no dejes de hacer match contigo.
Porque al final, todas las historias importantes pasan por ahí.
Y esta, la tuya contigo, merece ser una de las bonitas.
Con cariño: Alexa Dacier










