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¿Dónde está tu niña interior?

Todas tenemos una niña interior dentro de nosotras, jugando, llorando, o sencillamente escondiéndose y teniendo mucho miedo a salir. Quizás no sale porque siente que aún está en peligro, que no está en un lugar seguro. Ella necesita saber que no hay peligro, que tú, te estás ocupando de ella.

Conectar con nuestra niña interior a veces no es fácil, porque quizás es vernos cara a cara con heridas que aún no sabemos sanar o que quizás sencillamente estamos evitando, porque pensar en esas heridas la tristeza y desconsolación hacen acto de presencia.

No te castigues por no saber dónde se encuentra esa niña interior. Esa niña está dentro de ti, no tienes que buscarla lejos y mucho menos creer que será toda una odisea reencontrarte con ella. Necesitas disponibilidad emocional para navegar dentro de ti y no naufragar con todo lo negativo que te llegó a suceder en la infancia.

Y un bonito recordatorio: no eres tus traumas y mucho menos todo lo malo que te llegó a suceder en la infancia. Suelta esa mochila de culpabilidad, tú no elegiste esas cosas traumáticas, caóticas y feas que te llegaron a suceder.

Lo más “fácil” es evitar vernos con nuestra niña interior, porque de esa manera no tenemos que vernos con algunos traumas que nos cuesta curar en nosotras.

En la vida adulta, te das cuenta de que tu forma de confiar y relacionarte con otras personas es un espejo de las cosas que recibiste en tu infancia. E incluso tu nivel de autoexigencia y la dureza que usas en algunas ocasiones contigo misma, habla también de cómo te trataron cuando eras niña.

Cuando te castigas y te machacas constantemente, puede ser algo que aprendiste cuando tus progenitores te corregían y te castigaban cuando hacías algo “malo”.

Cuando siempre vives repitiendo relaciones tóxicas, ve a la infancia y mira cómo era el amor en casa. Cuando te hundes por el rechazo de las personas que quieres, ve a la infancia y mira cuantas veces te sentiste abandonada por tus progenitores. Ve a la infancia para que puedas entender la adulta que hoy en día eres.

Cuando siempre estás disponible para los demás, habla también de tu niña interior buscando validación y ser vista.

¿Por qué necesitamos conectar con nuestra niña interior?

En mi trabajo como terapeuta, se repite mucho la evitación de conectar con nuestra niña interior. Es como si hubiera un agujero dentro de nosotras que debemos evitar a cualquier precio, porque pisar ese agujero nos hundiremos y será imposible salir de ahí, eso creemos.

Tus heridas de la infancia pueden condicionar mucho tu vida adulta si no te ocupas de ellas. Y lo sé, de seguro, no eres culpable de todo lo que viviste en tu infancia, pero eres responsable de no cargar con heridas que siguen abiertas, porque te harás daño a ti y a otras personas.

Cuando sanas tus heridas vividas en la infancia, te permites transitar la vida con menos cargas. Y es lo que todas necesitamos, ir ligeras.

Quizás tuviste unos padres negligentes, viviste situaciones de mucha vulnerabilidad, pobreza, adicciones o peleas tóxicas que minimizaron tu forma de ver el amor como algo sano. Esas cosas no se superan ocultadoras en lo más profundo de nuestro ser; hay que verlas, escucharlas, reconocerlas, y cobijarnos con mucho amor y respeto.

Si vas a tu infancia para castigar a esa niña que no sabía cómo protegerse y cuidarse de algunos lugares, eso te va a hundir y siempre será una razón suficiente para no querer reencontrarte con tu niña interior.

No seas la adulta que hirió en tu infancia. ¡Por favor!

¿Dónde está tu niña interior?

Realiza este ejercicio siendo lo más honesta posible contigo misma. Permítete sentir todas esas emociones que surgen dentro de ti.

Si viajamos al pasado y te reencuentras con lo vivido, ¿Qué sientes? ¿Qué pensamientos surgen? ¿Qué historias te gustaría sepultar en lo más profundo del mar? ¿Qué cosas bonitas viviste en tu infancia y qué sensación te produce? ¿Qué pasa cuando piensas en tus progenitores, papá, mamá, u otras personas que tomaron el papel de cuidarte, protegerte y educarte?

Ve, habla con esa niña interior y dile que te estás ocupando de ella.

A veces reencontrarnos con esa niña interior es un viaje de sanación para decirle a tu niña, que no se preocupe. Qué estás haciendo todo lo posible para sostenerte y cuidar de ti en la vida adulta. Que eres esa persona responsable que no tuviste cuando más lo necesitaste. Que estás ahí para ti y que haces todo lo posible para saciar tus necesidades.

Ve, habla con esa niña y muéstrale todos tus logros, lo resiliente que eres y cómo seguiste adelante.

Enséñale a esa niña tus cicatrices para que ella sea consciente de que no hay que preocuparse. Déjale claro que eres una adulta presente en tu propia vida. Abraza a esa niña que vive dentro de ti y necesita saber que tú eres una adulta feliz y estable.

Sé la adulta responsable, cariñosa, respetuosa que siempre deseaste tener cerquita de ti.

No permitas que tu niña herida condicione la adulta que te gustaría ser

Nuestras relaciones, forma de ver la vida e incluso tratarnos a nosotras mismas habla de cómo nos hemos relacionado con nuestros padres en muchas ocasiones.

Si tuviste la oportunidad de tener un adulto implicado en tu crecimiento, educación, emociones y procesos en la vida, tu niña interior está bien. Pero, si tuviste que verte con carencias afectivas, crisis económicas, relaciones tóxicas entre tus padres, adicciones, tu niña interior se sigue ocultando de todo eso.

En resumen:

Tarde o temprano tendrás que darte la oportunidad de viajar dentro de ti y rescatar a esa niña interior que tanto te necesita y merece tener una adulta disponible para ella.

Una manera de conectar con esa niña es jugando, saltando, bailando, riéndote de la vida. Saca a esa niña y juega con ella. Grita de alegría. Ve a un parque de diversiones, súbete a algún juego y deja que la adrenalina te recuerde que, dentro de ti, hay una niña que merece ser cuidada por ti.

Un fuerte abrazo.

Con cariño, Alexa Dacier

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Alexa Dacier

Alexa Dacier / Psicología / Terapeuta sexual y de pareja
Todos necesitamos donde apoyarnos cuando emocionalmente creemos que no podemos más.

Aquí nos damos el permiso para:
Sentir.
Soltar.
Amar.
Aprender a poner límites.
Reconstruir nuestros vínculos afectivos.
Sostener relaciones sanas.
Aplicar la autocompasión.
Cambiar el dialogo interior.