
Háblate bien: cómo tener un diálogo interior que no te destruya
Una guía para mujeres exigentes que han olvidado cómo hablarse con amor.
💭 ¿Y si tu peor enemiga fueras tú?
No es una exageración. Muchas veces, quien más daño nos hace no está afuera, sino dentro. Esa voz que no perdona errores, que repite “no haces suficiente”, que minimiza logros y amplifica fallos… Esa voz que no calla cuando necesitas consuelo, sino que te juzga aún más fuerte.
¿Te suena?
Si has sido criada para rendir, ser útil, cumplir y demostrar, seguramente conoces muy bien ese tipo de voz interna.
Pero lo que probablemente no te contaron es que esa voz también se puede educar.
Que no naciste para hablarte con crueldad.
Y que mereces habitarte desde la ternura, no desde la exigencia.
🧠 El diálogo interior: tu narrativa invisible
Tu diálogo interior no son solo pensamientos sueltos.
Es una narrativa que se repite cada día, a veces sin que te des cuenta.
Es la forma en que te explicas quién eres, qué mereces, cómo te relacionas con tus errores, tus límites, tu historia, tus heridas, tus traumas e incluso con tu cuerpo.
👉 Cuando esa narrativa se vuelve hostil, no te estás corrigiendo. Te estás rompiendo.
👉 Cuando lo único que te dices es “deberías hacerlo mejor”, “no es para tanto”, “otra vez fallaste”… no estás creciendo. Estás sobreviviendo desde el miedo.
Muchas mujeres sobre todo las que son exigentes, responsables, fuertes para todos menos para ellas, arrastran esta forma de hablarse porque fue lo que aprendieron.
Porque confundieron exigencia con amor propio.
Y porque nadie les enseñó que también se puede avanzar con suavidad.
😔 La voz crítica: ¿enemiga o superviviente?
Esa voz que te juzga tan duramente no es tu enemiga, aunque a veces lo parezca.
Es una parte de ti que aprendió que había que exigirse para ser querida.
Que había que rendir para tener valor.
Que el error era peligro, y que fallar tenía un costo: el abandono, la crítica, el desprecio.
Esa voz crítica se construyó como un escudo.
Uno que en la infancia te protegió, pero que en la adultez te encierra.
Porque ya no necesitas hablarte desde el castigo para corregirte.
Puedes hacerlo desde el cuidado.
Desde la conciencia.
Desde el respeto por ti misma.
💡 Háblate bien no significa engañarte
A veces creemos que hablarse con amabilidad es mentirse.
Pero no.
Hablarte bien no es decirte que todo está perfecto.
Es decirte la verdad sin romperte.
Es cambiar un “qué estúpida, otra vez lo hiciste mal”
por un “sé que querías hacerlo bien y te frustraste, vamos a entender por qué pasó”.
Es cambiar un “estás fallando en todo”
por un “hay muchas cosas que te están costando, pero eso no define tu valor”.
El tono cambia todo.
El mensaje puede ser el mismo, pero dicho desde la compasión, no te destruye.
Te acompaña. Te invita a reparar, no a castigarte.
🔍 Cómo saber si tu diálogo interior es destructivo
Aquí tienes algunas señales de alerta que indican que tu voz interna puede estar haciendo más daño que bien:
- Eres más dura contigo de lo que serías con cualquier otra persona.
- Te cuesta reconocer tus logros, pero magnificas tus errores.
- Sientes que nunca es suficiente lo que haces.
- Vives con culpa, incluso cuando descansas o cuidas de ti.
- Te hablas en tono agresivo, burlón, despectivo (“qué ridícula”, “qué floja”, “qué débil”).
- No te permites equivocarte sin atacar tu valor como persona.
¿Te viste reflejada en alguna?
No para juzgarte más.
Sino para comenzar a cambiar el tono con el que te acompañas.
🌱 Hablarte con compasión: lo que nadie te enseñó
No nos enseñaron a hablarnos bonito.
Nos enseñaron a exigirnos.
A producir.
A demostrar.
Pero hablarte con compasión no te vuelve débil.
Te hace libre.
Porque cuando aprendes a sostenerte desde la ternura, ya no necesitas tanto reconocimiento externo.
Ya no vives buscando validación desesperada.
Y ya no te destruyes por no alcanzar lo inalcanzable.
La autocompasión no es autoindulgencia.
No es decir “todo vale”.
Es aprender a decir: “Estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que tengo. Y aun si me equivoco, no dejo de ser digna.”
🛠️ Claves para cultivar un diálogo interior más amable

Aquí tienes algunas prácticas concretas para empezar a cambiar cómo te hablas:
1. Observa tu tono
Cuando cometas un error o estés en una situación difícil, haz pausa y pregúntate:
¿Esto mismo se lo diría a alguien que quiero?
Si la respuesta es no, reformúlalo.
2. Cambia el juicio por curiosidad
En lugar de decir “lo hiciste mal”, prueba con:
“¿Qué te llevó a actuar así?”
“¿Qué te faltó?”
“¿Qué necesitas ahora?”
3. Crea un mantra personal
Uno que puedas repetir cuando tu voz crítica se active.
Ejemplo:
“No soy mis errores. Estoy aprendiendo.”
“Mi valor no depende de lo que hago, sino de quién soy.”
4. Practica el diario terapéutico
Escribe lo que te dices y responde como si fueras tu mejor amiga.
Contrarresta la crítica con ternura.
Valida lo que sientes.
Reescribe tu discurso.
5. Celebra sin condiciones
No todo logro tiene que ser perfecto para merecer reconocimiento.
Aprende a decirte:
“Lo hice. Aunque me temblaba todo. Aunque tenía miedo. Lo hice.”
✨ Hablarte bien no es un lujo, es una forma de sanar
Si creciste pensando que solo eras valiosa cuando eras útil, fuerte o impecable…
es probable que tu diálogo interior esté contaminado de exigencia.
Pero no estás condenada a hablarte así toda la vida.
Puedes cambiarlo.
Poco a poco.
Con ternura.
Con conciencia.
Con valentía.
Porque hablarte bien no es dejar de mejorar.
Es dejar de lastimarte en el proceso.
Y tú mereces construir una vida donde la voz más presente la tuya no te sabotee,
sino te abrace.
Con cariño Alexa Dacier
